martes, 6 de octubre de 2009

Shiro el Perrito - Historia Japonesa

Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de ancianos muy amable.

Un día, el anciano, al ver a su vecino maltratando a un perrito, se dirigió a él diciendo: "¡No! ¡No lo hagas!"

El vecino le contestó: "¡Este perro estropeó mi campo! ¡Pero lo perdonaré por esta vez!"

El buen anciano propuso a su mujer: "Vamos a criar a este perrito."

La anciana contestó: "Sí ¡Lo llamaremos Shiro(*1)! porque es de color blanco." Y ambos lo criaron con mucho cariño.

Shiro creció rápidamente.

Un día, éste se encontraba escarbando la tierra y el anciano al verlo le preguntó: "¿Qué te pasa?" y se puso a su lado para ayudarlo a cavar la tierra.

El anciano se sorprendió al ver aparecer mucho dinero del hoyo que habían cavado.

La pareja de ancianos se puso muy contenta y ambos agradecieron al perro: "¡Muchas gracias Shiro!"

El vecino, al ver lo sucedido se llevó a Shiro para que haga lo mismo en su jardín.

"¡Busca el dinero!", dijo el vecino.

Y Shiro empezó a escarbar y el vencino se puso a su lado a hacer lo mismo.

El vecino se sorprendió mucho al ver que del hoyo aparecía mucha basura en lugar del dinero que tanto esperaba. Irritado, mató a Shiro.

Los ancianos sintieron un profundo dolor por la muerte del perrito.

Ellos erigieron una tumba y plantaron un árbol pequeño en su memoria.

El árbol creció en un instante y el anciano se dirigió a su mujer diciendo: "Vamos a hacer un mortero con este árbol y machacaremos arroz para hacer tortas." Y así lo hicieron.

La pareja de ancianos se sorprendió mucho al ver que en esta oportunidad la torta de arroz se transformó en dinero.

El vecino al ver esto se llevó el mortero y machacó arroz para hacer tortas.

Pero no pasó nada.

Este se irritó y encendió el mortero.

Los ancianos se pusieron muy tristes y trajeron la ceniza a su casa.

En ese momento sopló un viento fuerte y la ceniza se dispersó.

Unos árboles muertos que se encontraban cerca de allí empezaron a brillar y los cerezos empezaron a florecer.

Los ancianos muy sorprendidos dijeron: "¡Todavía no es primavera pero los cerezos ya han florecido!"

En ese momento pasaba por casualidad el monarca quien se dirigió al anciano: "¡Qué maravilloso! ¡Voy a recompensarte!"

El vecino al verla dijo: "¡Yo también puedo hacer lo mismo!" y vertió ceniza.

Pero la ceniza salpicó en la cabeza del monarca.

El vecino fue encarcelado y los ancianos vivieron felices para siempre.


(*1) "Shiro" : blanco en japonés.

2 comentarios:

cherrychronic dijo...

que chiva!!
por cierto que vecino mas -hijo de su madre- jesusxst!!

Lee dijo...

Bastante hijo de su madre, pero al final por todo lo que hizo recibio su recompensa, y asi es en la vida, uno recolecta lo que siembra.